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Actualizado lunes 11 de diciembre 2017
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Alain Mesili : Una leyenda del andinismo PDF Correo electrónico
Escrito por Jorge Velasco Cruz   

Alain Mesili

  Con más de 150 rutas abiertas en los Andes bolivianos, Alain Mesili es una leyenda viviente del andinismo en América Latina. Capaz de atravesar caminando el  Desierto de Atacama y el Salar de Uyuni, se  trata probablemente de uno de los últimos rebeldes de la montaña.

 

Aventurero. Polémico. Poético. Vivaz. Crítico. Un personaje. Alain Mesili es uno de los mayores referentes del montañismo boliviano. Prácticamente, ha escalado cuanto cerro se le ha puesto por delante. Y, a su vez, ha participado de numerosas causas políticas que le han valido cárceles y persecuciones. “Soy un militante, tanto de las montañas como de la política”, asegura.

Nació en París, Francia, pero se siente boliviano. El primer idioma que aprendió a hablar fue el árabe, pero conversa en un español fluido, con acento francés y dejo altiplánico. Aunque aprendió a leer siendo casi un adulto, lo suyo también es la literatura. Piensa todo el tiempo en escribir y, de hecho, ha publicado dos libros que son fundamentales para el andinismo boliviano: “La Cordillera Real de Los Andes”, de 1984, y “Los Andes de Bolivia”, de 2002.

Hoy está escribiendo otro trabajo, un libro de tres tomos, en que pretende rescatar expedicionarios conocidos y olvidados de los Andes, historias, anécdotas y rutas en Bolivia, Perú, Ecuador, Chile y Argentina. Una obra magna que estará lista a fines de 2006 “para que no se pierda la memoria”. “La necesidad es rescatar. Y esos libros que estoy haciendo son eso: rescatar memoria colectiva para que la gente no se olvide”, asevera.

Sabe de lo que habla: durante su juventud prefería el anonimato. “Dejar rastros en la historia no me parecía interesante. Pero, sin embargo, después de haber escrito el primer libro, me di cuenta que tenía que hacer algo y dejar algo”. Reconoce que comenzó muy tarde a publicar trabajos con los datos de sus experiencias. Lamentablemente, un allanamiento que la policía hizo en su casa en 1989, lo dejó con escasos testimonios de sus primeras y numerosas expediciones.

illampu 1950Su nueva obra va mucho más allá de sus propias aventuras. Abarca también la historia de muchos pioneros, como la norteamericana Annie Smith Peck, la primera mujer en escalar sobre los 6.000 metros, o Hans Ertl, “El Vagabundo de los Andes”, montañista alemán que abrió gran cantidad de rutas en la Cordillera Real de Bolivia y que, a su vez, fue camarógrafo de los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 y fotógrafo personal del Zorro del Desierto, Erwin Rommel, en la Segunda Guerra Mundial.

Mientras toma un café en el céntrico Apart Hotel Camino Real de La Paz, Alain Mesili habla con propiedad de estos y otros temas, como la situación del turismo en Bolivia y sus múltiples excursiones, que incluyen viajes por la Cordillera de Apolobamba, la Cordillera Real, el Salar de Uyuni, el Desierto de Atacama y el Parque Nacional Madidi, por nombrar algunos. Y es que Mesili ha explorado Bolivia como nadie. Se trata, con seguridad, de uno de los padres del montañismo boliviano moderno.

El "Pie Negro"

La historia de Mesili es atípica. “Yo nací el 49. Soy de madre francesa, de padre argelino, y viví mi juventud en Argelia, durante todo el período de la guerra hasta la autodeterminación dictada por Charles De Gaulle. Soy un ‘pie negro’. Estoy en esa mezcla, franco argelina, que es un poco como el agua y el aceite. Y he visto lo que es la guerra, he visto el asesinato de mi padre adoptivo. Y he sido abandonado por padre y madre”, cuenta en un escalofriante resumen de sus orígenes.

De sus progenitores no tiene recuerdos. Aunque sí de su juventud en un centro de recreo en Grenoble, en el que fue dejado por unas tías tras la muerte de su padre adoptivo. “Allí he visto esas montañas tan bellas”, dice. Eran tan atractivas que se escapó para escalarlas y comenzar a deambular por Francia, realizando pequeños trabajos y excursiones.

Entre viaje y viaje, llegó a Chamonix, donde trabajó como porteador, y posteriormente comenzó a relacionarse con la intelectualidad francesa de la época. Por entonces, poco antes del Mayo Francés del ’68, se enamoró de una universitaria y aprendió a leer y escribir en pocos meses, e ingresó con honores a estudiar letras e historia a la Sorborne. Por esa época también trabajó en la editorial de François Maspéro, donde crearon el diario Libération y realizaron las primeras traducciones al francés de los escritos del Che Guevara.

“Y el 68 se me vino la revolución, el mundo cambió. Me ha despertado el espíritu, me ha despertado lo que siempre al final tenía dentro de mí: la conciencia, el que siempre había sufrido la injusticia, tanto en Argelia como en otros lugares. Y de repente veo que sí, existe la playa debajo de las piedras”, cuenta. “Yo creo que era el despertar de que existía otra cosa, que el comunismo incluso, porque muchos no estábamos de acuerdo con la Unión Soviética de esa época, sobre todo después de la invasión a Checoslovaquia. Cuba era un referente para nosotros. Estaba imbuido de todas las guerrillas en América Latina”, recuerda.

Y fue el guerrillero por excelencia, el Che Guevara, quien lo motivó a viajar a Sudamérica. Tras su deceso el 8 de octubre de 1967 en la selva boliviana, Mesili vio la foto del Che, muerto, en la portada de la revista Paris Match. “Eso me ha nublado la vista y dije ‘para mí es América Latina’”, recuerda. No sabía hablar español y apenas tenía referencias de la región.

fitzEn 1969 se tomó un barco de la compañía Italmar, lleno de inmigrantes italianos, y arribó a Buenos Aires. Fue a partir de entonces que comenzó un largo periplo, tanto en política como en montañismo, por América del Sur. Participó en diversos movimientos –y visitó varias cárceles- en Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Bolivia, Colombia y Venezuela. Comenzó también las primeras excursiones: recorrió la Cordillera de Darwin en Patagonia y realizó el tercer ascenso al Fitz Roy. “Yo, si no me hubiera quedado a vivir en Bolivia, hubiese vivido en la Patagonia. Porque me gusta esta atmósfera fría, muy triste, muy amarilla. Todo el mito de la Patagonia es muy atrayente”, dice.

Abriendo Rutas

A pesar de que continuaba con sus viajes por el sur de América, financiados en parte gracias a trabajos periodísticos, en 1970 Mesili decidió radicarse en Bolivia. “Yo creo que lo que me decidió a radicar acá fue el caos, el anarquismo, el desorden y el fundamento revolucionario que existía. Bolivia me sorprendió. Era realmente el país que yo pensé que era. El país parado en la historia. Que no se movía”. Por esos años, cuenta, La Paz apenas tenía un edificio, el Alameda, y que “incluso había filas y filas de gente para tomar el ascensor, porque nunca había habido un ascensor en Bolivia”.

Fue también por esos años que conoció la realidad que vivían los campesinos. “Es indescriptible cómo vivía la gente y cómo en algunas partes todavía viven. En la época había pueblos muy aislados. No había carretera. Para ir a un lugar, tenías que hacer una semana pie”.

A pesar de la escasa infraestructura, comenzó una serie de numerosas expediciones. Se acercó al Club Andino y conoció diversos andinistas, como Ernesto Sánchez, quien se transformó en su compañero de equipo hasta que murió en el Illimani en 1975. “Escalábamos como locos”, rememora Mesili. De otra manera, es casi imposible explicar la gran cantidad de excursiones en las que participó: cruzó a pie el Desierto de Atacama en Chile en un lapso de 22 días; abrió nuevas rutas, varias de ellas peligrosas y exigentes, en el Illampu (6.369 mts.), Gorra de Hielo (5.700 mts.) y el Pico Schulze (5.942 mts.), como también en Ancohuma (6.427 mts.), Condoriri (5.546 mts.), Huayna Potosí (6.088 mts.) y, por supuesto, el Illimani (6.462 mts.). Parte de este éxito se debió a las precauciones que ha sabido tomar a lo largo de su trayectoria. “En el alpinismo, yo he sobrevivido porque técnicamente creo que soy muy bueno. Tengo un olfato terrible. Huelo el peligro. Y soy muy cuidadoso también. Muchos compañeros míos han muerto. He vivido bastantes accidentes de montaña”, dice.

 glaciar Illampu este

 A comienzos de la década del ’70 comenzó también su motivación por ser guía, basado sobre todo en los conocimientos que le había dado su tremenda experiencia. “Creo que fue una vertiente natural. Llegué allí como algo lógico. Todos los que aman la montaña, o muchos, que están realmente prendidos a los cerros, terminamos como guías”, cuenta. Junto a otro francés, Pierre Vernay, formó la agencia Tawa. Con él, en 1981 realizó la primera travesía a pie por el Salar de Uyuni.  Y fue por esa época también que se tituló de guía en la ENSA, Ecole Nationale de Sky et Alpinisme, Chamonix, Francia.

El Tíbet de Los Andes

A Mesili le gusta opinar. En realidad, le sale por los poros. Habla con cierta picardía y sabe que muchas veces sus palabras no caerán bien. Después de tres décadas viviendo en el país, habla de Bolivia con propiedad. Las más de 150 rutas que ha abierto en la cordillera boliviana, y otras grandes travesías como una expedición de 40 días por el Parque Nacional Madidi, le dan autoridad para hacerlo en el tema del turismo.

Escalando “No soy de la Asociación de Guías, porque siempre me han rechazado por ser extranjero... El andinismo para los bolivianos es solamente ganar plata. Es una triste realidad. Lo hacen sólo para ganar dinero para sobrevivir, porque tampoco son fortunas”, dice. Asegura que los guías bolivianos, salvo excepciones, no toman grandes desafíos. “El gran problema es que los operadores, los mayoristas, lo que quieren hacer es el Condoriri, el Huayna Potosí, Illimani. Es la trilogía. Entonces, de eso no sales. Toda tu vida vas a hacer lo mismo. ¿Por qué? Porque son las montañas más famosas. Y siempre ruta normal. Rara vez un agente de viaje en Francia te va a pedir hacer una ruta difícil”, dice. Por eso, asegura, él se salta a los operadores y busca directamente clientes en Estados Unidos y Europa que le permitan realizar ascensiones diferentes.

Critica también a algunas agencias de viajes, que “toman guías campesinos muchas veces. Que son de origen campesino. No quiero decir que sean malos, sino que técnicamente no están a la altura para hacer montañas difíciles... Ellos son muy fuertes físicamente, pero no técnicamente. Conocen la ruta de memoria. Pero si hay una tempestad, están perdidos. No saben leer mapas, no saben utilizar GPS. Además, ellos no están al tanto, porque no leen, no se informan, no estudian la montaña. Creen que porque han subido a seis mil, la montaña les perdona todo. No. No les perdona nada. Una caída es una caída y muchas veces es mortal”.

Porteuses

Como gran conocedor de Bolivia, sabe que el país tiene muchas fortalezas. Destaca la gran cantidad de trekkings que se pueden realizar desde la cordillera hacia la selva, sus excepcionales sitios arqueológicos y su particular idiosincrasia. “Yo creo que es uno de los países latinoamericanos más auténticos. Por su ‘indianidad’, por su pluriculturalismo y además por su diversidad tan importante”.

Asegura que La Paz, por ejemplo, bien podría vivir del turismo si el país se promoviera de manera adecuada. “Indudablemente en Bolivia, la mala suerte es que nuestros gobiernos, cualquiera sea, nunca se han preocupado de exponer el país hacia fuera. De promover el país, lo que en Perú hacen, lo que en Chile hacen. Bolivia es la hermana totalmente olvidada y que se olvida a sí misma”.

Pero a Mesili toda esta contradicción parece fascinarlo. Bolivia es un mundo de exploradores que todavía, a su manera, buscan El Dorado o Paititi. Y, de alguna forma, él es uno de aquellos hombres que busca mucho más que el oro que han pretendido colonizadores y grandes aventureros durante siglos: lugares míticos y místicos, rincones cargados de historia, montañas bellas e inexploradas que hacen de Bolivia el Himalaya del Nuevo Mundo, el Tíbet de los Andes.

 

Créditos fotográficos: Alain Mesili, SAF de Chile.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

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