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Actualizado lunes 11 de diciembre 2017
Home Bolivia. Lucha libre en El Alto. Las mujeres toman el relevo
 
Lucha libre : Las mujeres toman el relevo PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Fred Savariau   


Lo que salvó la lucha libre en Bolivia fue la entrada de las mujeres sobre el escenario. Estas mujeres divididas en dos clanes : las que representan la integración de los valores occidentales derivadas de la colonización y las que supieron reafirmar sus raíces indígenas aymaras y recuperar su orgullo pisoteado durante tantos siglos.

Surgió así la lucha entre la « birlocha » integrada y « la chola » aymará.


Gordita, entre sensualidad y símbolo de cierto estatus económico cerca de la bonanza, Carmen, los labios teñidos de un rojo profundo, pasa entre el público.

Este la besa, la felicita, le regala flores escarlatas, rojas como la sangre, obviamente, precipitan sus dedos para tocar sus polleras coloridas, rozar un instante su símbolo, su memoria, su orgullo. Pero en un fracción de segundos, dos « birlochas » occidentalizadas surgen de entre el público y saltan encima de Carmen. Estrellada en el suelo entre sus faldas y polleras, como un nenúfar arrugado y maltratado, Carmen no tuvo el tiempo de reaccionar bajo el peso de Ana la vengadora. Esta inmoviliza a Carmen durante unos largos segundos que aprovecha para plantarle sus incisivas en el cráneo. La sangre empieza entonces a chorrear y un estremecimiento de rabia atraviesa el público. Los hombres se levantan, las mujeres cierran sus puños y un sólo y profundo gruñido pasa de boca en boca.


lutte libre

Un lejano recuerdo hundido entre los genes parece despertarse : el ver la sangre chorrear de la frente de la mujer indígena herida abre los poros de todas las pieles para dejar sudar un olor rancio y amargo a deseo de venganza. Carmen se debate mientras el público desesperado grita su bronca y quiere verla levantarse y, por fin, hacer pagar la sangre…con sangre. Esta sangre poderosa de los altiplanos andinos.

Esta sangre demasiado tiempo vertida en toda impunidad por los « conquistadores », « libertadores », militares y otros dictadores, desde hace más de 500 años. En este instante, el « show » no tiene del espectáculo que el nombre, pues lo que pasa por encima de todo es el símbolo, la venganza latente, un grito ahogado, un arranque inhibido, una pulsión masiva de victoria.Y si en la tradición andina, la tierra madre, esa  « pachamama » reclama sin cesar una ofrenda del liquido rojo y espeso, casi negro, el tributo ahora pagado, es el público que necesita verlo chorrear.

La mujer indígena vuelve finalmente a levantarse, agarra su enemiga del cuello y la manda volar por encima de las barandas de seguridad : el grito de victoria surge por fin liberado de todas las bocas del público. El combate sigue entonces dentro y fuera del ring hasta que la « occidentalizada » se vaya, vencida y largamente humillada o destruida sobre una camilla. El público puede entonces sentarse, satisfecho, y espera entre risas y sandwiches el próximo enfrentamiento entre el bien y el mal o entre su raza y la del opresor. En los camerinos, vencedoras y vencidas se ayudan a coserse una herida de más, unos puntos más. Los siguientes « enemigos » alistan ya los objetos que se romperán sobre la cabeza, esperando de que no desemboquen en un drama : pues si la pachamama ama la sangre, no le gusta ver sus hijos morir.

batman Está también el árbitro, que no sirve generalmente de nada, casi ciego, torpe y siempre mofado por los rufianes del ring, esos personajes malditos, odiados por el público y que representan el mal. Esos que aprovechan siempre para dar una ración de golpes bajos a los « buenos », en toda impunidad, o golpear el árbitro, más simplemente, para deshacerse de él y sus reglas. Afuera, el presentador sigue gritando en su micrófono, prometiendo combates fantásticos entre « la tortuga ninja » y « spiderman », « Barba Negra » y « wallace », « el conde de villa victoria » y « el águila azteca », sólo para citar a unos cuantos, sin olvidar, obviamente, la flor del espectáculo, el sumo desafío de hoy, un otro combate de mujeres.

Fuera de El Alto, que es un especie de ghetto de un millón de habitantes venidos del campo, este tipo de espectáculo no hace mucho reír a los que sacrificaron sus raíces indígenas sobre los altares del consumismo, cambiando sus vestimentas y sus apellidos, sus costumbres y hasta acentos por un modelo más o menos americanizado.

Las « cholitas » de los altiplanos andinos son entonces las que se encargan de ajustar viejas cuentas culturales, por el más gran deleite de un público quién, en la vida real, es tratado con desdén por su pertenencia étnica y un nivel socioeconómico generalmente inferior. Y si « los buenos » no ganan siempre, siendo muchas veces humillados, la magia del espectáculo resida en el hecho de mantener un equilibrio global, espectáculo tras espectáculo, a favor de los « héroes », del pueblo.

Estos « héroes », pese a haber sido largamente martirizados, se levantan y llamando sus últimas fuerzas lanzan al « malo » por encima de la tercera cuerda o lo aplastan al suelo durante los interminables tres segundos contadas por el árbitro. Aunque las heridas son casi siempre superficiales, la sangre derramada basta para despertar la sed de venganza del público en contra del « maldito », quién esta vez, lo va a pagar caro, como cada domingo.


femelle enragée

 

 Créditos fotográficos: Fred Savariau


 





 
 

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