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Actualizado lunes 11 de diciembre 2017
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Cabo de Hornos, Reserva Mundial de la Biosfera PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Claudia Urzua   

 

Experimento en el fin del mundo 

 

Después de un proceso de cuatro años, la comuna de Cabo de Hornos fue declarada por la UNESCO Reserva Mundial de la Biosfera, con lo cual se abre una experiencia inédita en Chile. Es la primera reserva nacional que, a diferencia de las siete ya existentes, no involucra exclusivamente a áreas protegidas por el Estado y tiene dos centros poblados dentro de su territorio. El desafío para las instituciones y la comunidad es convertir en realidad los postulados de UNESCO: que las reservas sean lugares donde coexistan y colaboren los aspectos conservacionistas, el desarrollo económico y la participación ciudadana.

cabo

 

En el decir de sus entusiastas promotores (y en el de cualquier persona medianamente sensible a la naturaleza, ciencia e historia), la comuna de Cabo de Hornos, ubicada en la provincia Antártica Chilena de la región de Magallanes, acumula méritos suficientes para ser una reserva mundial de la biosfera: ecosistemas prístinos, remanentes de la cultura indígena más austral del mundo y la combinación entre lo antártico, lo andino y lo tropical. Así también lo estimó el Consejo Internacional del Programa Hombre y Biosfera de la UNESCO, que la inscribió como tal el pasado 28 de junio de 2006 en su reunión anual de París.
Cabo de Hornos es tan remota y todavía tan poco conocida que puede presumir de salvaje y pura. Cuesta imaginar que hace 25 millones de años, cuando el sector estuvo unido a la Antártica, en este lugar había dinosaurios y flora tropical, producto de la corriente marina que recibía desde el Ecuador.

Con la separación todo se enfrió y el Cabo de Hornos se sumergió como una cuña en el mar. En ese gran útero recibió la temperatura necesaria (ni mucho frío ni mucho calor) para preservar algo de la vida tropical. De ello son pruebas los canelos, emparentados con las magnolias, que crecen en estas soledades hace 90 millones de años. En la comuna se hunde la Cordillera de los Andes, dejando tras de sí, como últimas cumbres, a los hermosos Dientes de Navarino y, como último estertor, a la Isla Hornos, ese peñón que ha fascinado a navegantes de todas las nacionalidades. Las mismas llaretas acojinadas que se encuentran en las alturas de Colombia, el páramo de Ecuador, Machu Pichu y Farellones se muestran en estos suelos al nivel del mar y dejan su mensaje andino antes de desaparecer. Y a todo esto se suma la influencia de la Antártica cercana.

Cabo de Hornos es, además, uno de los sitios arqueológicos con mayor concentración de todo el planeta. Los restos de los poblamientos indígenas (conchales) se encuentran a lo largo de toda la Isla Navarino. El más antiguo data de 7 mil años y hay aproximadamente mil catastrados. Todos esos restos evocan lo que debe haber sido vivir y navegar las aguas del archipiélago y suscitan posiblemente las mismas preguntas que se hizo Charles Darwin durante el viaje en el Beagle, cuando tomó contacto con los yaganes. ¿Cómo fue posible su sobrevivencia y adaptación a esas condiciones extremas? La maravilla y el asombro siguen ahí, en los pocos descendientes de una etnia diezmada.
El investigador Ricardo Rozzi, de Fundación Omora (una de las instituciones que llevó a cabo la postulación) agrega otro hito importante de la nueva reserva: su gran diversidad paisajística (bosques, musgos y líquenes, turberas, zona alto andina, glaciares, mar) y la condición de prístinos de todos esos ecosistemas. "Aquí en el extremo austral de América había un tesoro al que estamos sacándole brillo. Tenemos que terminar de descubrirlo, entenderlo y comunicarlo" explica.

mapaCabo de Hornos ingresa, de esta manera, a una red mundial de 482 sitios en 102 países, y es una de las 23 nuevas, junto con la Serra do Espinhaco en Brasil y el Chaco en Paraguay. El territorio distinguido tiene una extensión de 4,9 millones de hectáreas y está compuesto por 3 millones de hectáreas en áreas marinas y 1,9 millones de hectáreas en superficies terrestres. Quedan dentro de él la Isla Navarino (con Puerto Williams como principal centro poblado), el archipiélago del Cabo de Hornos, la Isla Hoste y todo el mar que los rodea, entre otros hitos.

 

Un nuevo proceso

Desde 1984 que la UNESCO no inscribía una reserva mundial en Chile. Hasta antes de la designación de Cabo de Hornos, hubo siete zonas del país distinguidas con el nombramiento: Lauca (I región), Fray Jorge (IV región), La Campana-Peñuelas y el archipiélago Juan Fernández (V región), Araucarias (Conguillío y Alto Bío Bío, VIII región), Laguna San Rafael (XI región) y Torres del Paine (XII región). Estas reservas correspondían a unidades del Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Estado y eran, por lo tanto, administradas por la Corporación Nacional Forestal, CONAF. Con esta naturaleza fueron postuladas a UNESCO, que las aprobó una tras otra. Quedaron, sin embargo, como trámites de escritorio y poco y nada pasó con ellas.

 

Cabo de Hornos es inédita por varios motivos: es la primera reserva que incorpora áreas marinas y dos centros poblados (Puerto Williams, con casi 2 mil 500 habitantes, y Puerto Toro, con poco más de 30 personas) y que aborda un territorio mixto, compuesto por áreas protegidas (los parques nacionales Cabo de Hornos y Alberto De Agostini), terrenos fiscales y propiedades privadas, como la Estancia Yendegaia en Tierra del Fuego.

Pero además su proceso de postulación la diferencia inmediatamente de las anteriores. Durante cuatro años, hubo un conjunto de instituciones que consiguieron armonizar sus distintos intereses para conseguir la atención del mundo sobre este sector. Los coordinadores de la iniciativa fueron la Comisión Nacional del Medio Ambiente, la Corporación Nacional Forestal, Gobernación de la Provincia Antártica Chilena, Municipalidad de Cabo de Hornos, Ministerio de Bienes Nacionales, Universidad de Magallanes y Fundación Omora (estas dos últimas en la coordinación científica).

El 16 de marzo de 2002, en un sencillo acto en la histórica Bahía Wulaia, los convocantes suscribieron la Declaración de Wulaia, en la que se comprometieron a anunciar a las Naciones Unidas la existencia de este tesoro y la intención de declarar “al Archipiélago de las Islas Wollaston, Navarino y Hoste como la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos”. Entonces comienzan los primeros contactos con el coordinador nacional del Programa Hombre y Biosfera de UNESCO, Pedro Araya; la comuna recibe la visita de Francesco Di Castri, ideólogo del concepto de reserva de biosfera en 1970, y se realizan una serie de talleres y consultas, entre ellas una presentación ante el Consejo Regional de Magallanes. Con esa información, un equipo designado escribe la primera postulación en 2004, la cual es rechazada por UNESCO debido a su falta de información sobre áreas marinas y poca claridad en los planes de fortalecimiento comunitario. Recogidos los planteamientos y objeciones, y sumando la participación activa de la Gobernación Marítima de Puerto Williams, se repostula a principios de 2005, esta vez con éxito. En ambas postulaciones, el resultado es un voluminoso documento lleno de información científica e histórica, fotografías, mapas, anexos y cartas de apoyo."La reserva recrea y hace germinar nuestra visión del territorio. Al principio este lugar parecía tierra y castigo, pero hoy estamos descubriendo su biodiversidad. Además, nos hace pasar desde una visión geopolítica militar hacia una visión de ocupación social, económica, cultural y científica"- explica Eduardo Barros, gobernador de la Provincia Antártica Chilena.

En este nuevo proceso, la comuna es dividida en áreas con el fin de garantizar el uso sustentable del territorio y realizar actividades de conservación y estudio de sus valiosos ecosistemas. Las zonas núcleo están destinadas fundamentalmente a la preservación, entendiendo que su protección es también una función social. Las zonas de tampón o amortiguamiento rodean al núcleo y permiten acciones suaves, como el ecoturismo y la pesca artesanal regulada. Y en las de transición es posible implementar infraestucturas mayores con los mejores criterios ambientales, por ejemplo construir un puerto, mejorar el aeropuerto de Puerto Williams y formular un adecuado plan de manejo de residuos y desechos.

glaciar

 

Muchos miran hacia el archipiélago de las Islas Wollaston, donde está el Cabo de Hornos, que convoca a un gran número de cruceros que lo circunnavegan anualmente. Es una zona núcleo que debiera preservarse, debido a que es todavía virgen y carente de las especies exóticas que causan severos daños en la Isla Navarino y otras adyacentes, como el castor y el visón : "Mi idea es que no hayan concesiones turísticas en el archipiélago, o tal vez una solución intermedia que no incluya pernoctar sino sólo visitas guiadas" –opina Ricardo Rozzi.

El desafío. Con Cabo de Hornos se pretende resucitar el espíritu original que animaba la creación de reservas y en el cual se insistió durante la Cumbre de Río de 1992 y en la posterior Declaración de Sevilla: ser “laboratorios vivientes”, definidos por las autoridades locales y nacionales, que contribuyan en la conservación de áreas naturales, promoción del desarrollo sustentable y fomento de la educación e investigación en esas zonas. Además del mero reconocimiento internacional del territorio, se espera que lleguen hasta el extremo austral vientos favorables para el despegue del ecoturismo, la realización de actividades productivas en base a criterios ambientales y la captación de fondos internacionales.
"La nominación de reserva refuerza el tema de la conservación unida al desarrollo sustentable. No pone un candado a la inversión sino que la orienta hacia el cumplimiento de la Agenda 21 emanada de la Cumbre de Río y de las normativas del país " precisa María Luisa Ojeda, directora regional de CONAMA.

Islas

Para que el nombramiento no quede en el papel, la Reserva del Cabo de Hornos debe cumplir con los pasos propuestos por UNESCO. Pedro Araya, coordinador del Programa Hombre y Biosfera, explica que durante el proceso de formulación se constituyó un Comité de Iniciativa, formado por nueve instituciones (básicamente las mismas que coordinaron la iniciativa, además de la Gobernación Marítima de Puerto Williams y el Servicio Nacional de Pesca, Sernapesca) y otras cinco invitadas, entre ellas el Servicio Nacional de Turismo, CORFO y los consejeros regionales de la provincia Antártica Chilena.

Uno de los objetivos del Comité es acordar una manera para que la comunidad y los sectores productivos del Cabo de Hornos se involucren en la elaboración del plan de gestión. Porque la implementación de esta innovadora reserva no estará completa mientras la gente de Puerto Williams no la perciba como algo suyo, como una distinción que significará beneficios concretos para ellos.

"Como diagnóstico, visualizamos que todavía les queda grande la nominación, ya que esta no ha sido asimilada incluso a nivel regional "–explica la directora de CONAMA.
"La comunidad va percibiendo esto poco a poco y de manera diversa. Saben que existe la reserva, pero no más que eso. Tenemos que trabajar en volverla tangible" –comenta Eduardo Barros.

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Fotos: Marc Turrel y Jordi Plana.

 

 

 
 

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