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Actualizado lunes 11 de diciembre 2017
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Perú: Montañas como ponchos PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Rafo León   

 

rafoCaminar en las proximidades del nevado Ausangate o escalar sus 6384 metros de altura, son hoy por hoy desafíos de primer plano. A fines del 2007 se lanzó una nueva manera de recorrer este maravilloso tramo cordillerano, conocido como la vuelta al Ausangate, bajo el concepto de

Camino al Apu Ausangate, cuya novedad radica en la estrecha relación que establece el viajero con los comuneros locales.

 

El Ausangate, el nevado más importante del Cusco,forma parte de la cordillera del Vilcanota. El glaciólogo peruano Benjamín Morales Arnao reseña que esta cordillera fue calificada como la menos contaminada del mundo por una expedición peruano polaca llevada a cabo en 1976, con el fin de determinar la presencia de agentes contaminantes en los Andes peruanos. Para iniciar la ruta el viajero deberá dejar la ciudad del Cusco por el sur e ingresar a la provincia de Canchis por el poblado de Pitumarca. Saltará a su vista la carencia en la que viven los campesinos y pastores de esta zona cusqueña, que se inscribe en el mapa de extrema pobreza del Perú. También se dará cuenta el viajero de que pobreza es una palabra que en estos pastizales de altura, adquiere un sentido muy diferente a la miseria indigna que se vive en las grandes ciudades sudamericanas.

 

Territorio de dioses y hombres

 

Nicolás Condori es un joven miembro de la comunidad de Chillka; él nos recibe a la vera de la carretera con un termo lleno de mate de coca para ayudarnos a soportar la altura. Nicolás es hoy comunero y empresario, y nos lo remarca con una sonrisa amplia. Mientras caminamos por el cañón de Quencomayo, con el glacial Condortocto al fondo y cruzamos un tramo de camino preínca, nuestro guía nos presenta a una pastora que al atardecer vigila sus alpacas. Esta señora integra la Asociación de Tejedoras de Chillka, y es también una empresaria. “Ayer nomás, nos dice Nicolás, subieron caminando ocho gringas y a nuestras compañeras les han  comprado tejidos como por mil doscientos dólares”. En ese momento hacemos clara consciencia sobre el rumbo y el futuro de un emprendimiento como este. Se trata de incrementar los magros ingresos de los comuneros pero a partir de prácticas amistosas no solo con la calidad del entorno natural, sino y sobre todo, con los portentos de la cultura ancestral, que acá está viva. Es probable que el buen impacto de esa venta de tejidos haya generado luego una ofrenda de agradecimiento al apu Ausangate.

Apu, en la cosmovisión ancestral andina, es el nombre quechua con el que se designa a la montaña sagrada, al cerro tutelar, a la huaca que clama por ofrendas para dar a cambio certezas a la vida humana. El Ausangate es el apu cusqueño por excelencia, pues está ligado a los mitos originales de la naturaleza. Los pobladores que integran las comunidades de Chillka y Osefina, situadas en las inmediaciones de la montaña, definen al Ausangate como creador de fuentes de vida para el ser humano. De él nacen las alpacas, los cuerpos de agua, las vizcachas, los tubérculos, los pastos. Por tanto también las fibras para tejer y en general, los insumos que permiten sobrellevar una vida exigente en extremo. Una ancestral celebración religiosa, el Qoillor I’ti –Estrella de Nieve- renueva año a año los votos por la prosperidad de la tierra, por la disponibilidad del agua, por la esperanza puesta en los recursos de la naturaleza que facultan la reproducción de la vida: una visión híbrida donde el culto cristiano se entrama con los antiquísimos rituales en los que se transporta hielo de las alturas a las zonas bajas, como símbolos que replican el descenso de las aguas hasta el alcance del hombre. La emergencia del emprendimiento que estamos conociendo nos hace percibir, a los comuneros y a los foráneos, que los vínculos de respeto hacia las  antiguas deidades de la naturaleza dan frutos también en el desarrollo local, otorgan visión de futuro y aprecio por la identidad.

 

poncho

Camino del Apu Ausangate es una propuesta creada por empresarios en asociación con las dos comunidades locales mencionadas. Se trata de un emprendimiento enteramente privado, en el que los socios participan en partes iguales, con cláusulas de protección para evitar que por aumentos de capital las comunidades puedan perder sus porcentajes originales. Bajo esta figura, Chillka y Osefina no solamente reciben utilidades por el turismo sino que vienen a ser las gestoras directas de los servicios de guiado, arrieraje, alimentación y hospedaje que da su empresa. A lo largo de la ruta se han levantado cuatro albergues que cuentan con todas las comodidades y se basan en una arquitectura casi imperceptible, gracias al diseño y al empleo de materiales de construcción tradicionales: el barro, la piedra, la madera, la paja. El circuito de trekking toma cinco días y cuatro noches, y es recomendable para caminantes de piernas fuertes y pulmones amplios.

 

Tierra de trueque

La observación del paisaje y la relación con los comuneros son los principales motivos para hacer este trekking. Cada jornada se presenta al viajero con un rostro diferente. El primer día nos deslumbran los macizos nevados Mariposa y Hatunjampa, que enmarcan la aparición de la punta blanca del Ausangate. Esa mañana nos han despertado los sonidos del arpa, la bandurria, la flauta y la voz humana, que en conjunto parecían salir de la misma naturaleza. Amigos comuneros de Chillka han querido saludarnos con música en este momento de intenso sol. Luego comenzamos a caminar entre cactus de altura, con los nevados brillantes al fondo. Más adelante encontramos a Nicolasa, una niña de unos diez años, con su hermanito Ronnie. Están de regreso a casa, ellos fueron como todas las mañanas caminando a su escuela, por tres horas, pero una vez más la maestra no se presentó. Es un viernes y ese día la profesora tiene que viajar a Cusco para cobrar su sueldo. Siguiendo a los niños llegamos a una choza de piedra techada con ichu donde la madre los espera mientras teje con el telar de cintura una manta colorida. La mujer solo habla quechua, pero nos entendemos. Está invitándonos unas papas cocinadas. Los pastores como ella consiguen papas y maíz a cambio de carne y pellejos de alpaca. El trueque se sigue practicando al pie del Ausangate. La primera jornada, completa, brilla en las montañas nevadas y por la noche, en el albergue de Chilkkatambo, los comuneros nos reciben nuevamente con sus instrumentos y sus voces, dándonos una bienvenida fraterna. El comunero/empresario Mario Irco, la cabeza cubierta con un chullo de colores encendidos del que cuelgan borlas de lana hasta los hombros, se hace acompañar por su joven hijo Gilbert para saludar en quechua a los nevados, tal como lo hacían sus abuelos.

El segundo albergue se llama Machuracaytambo, y está próximo a la laguna Paloma. Es desde allí que habremos de subir al abra Palomachayoc, casi en el techo del planeta, a 5150 msnm. Todo abra en la cosmovisión andina, es un espacio que demanda una ofrenda. Nos hablan de ello las apachetas que abundan en las laderas del cerro. La apacheta es un saludo de arriero y caminante, un objeto creado para agradecer a la tierra por habernos permitido pasar de una montaña a otra. Una torre hecha con piedras planas. Pero además, encontramos en el suelo otras ofrendas hechas también con piedras que simulan ciertos deseos de los comuneros. Casa, chacra, hotel, avión. Lajas que crean formas simbólicas, miniaturas de lo que se anhela en grande. En el sur andino, más hacia la zona aymara, a esta práctica se la conoce como alasitas. El calor del sol es intenso pero independientemente de la época del año, la naturaleza se puede encaprichar y lanzarnos una intensa lluvia, una granizada o una buena nevada, tal como ocurre más tarde. Los comuneros, que son nuestros guías, saben cómo sortear los embates del clima, y así llegamos a Anantapata.

 

 

 

Telares que escriben

Cuando despeja, Nicolás nos muestra un ojo de agua llamado Illapuqiuo. Dice el mito que el dios Illa Tecsi Wiracocha Pacha Yachachij lo creó como lugar de nacimiento de las alpacas para aliviar la pobreza de la gente. El manante es en realidad una pacarina, un lugar de origen de vida y de sentido sagrado hasta hoy. El cuarto día es también duro: subimos y bajamos tres abras, a 4900 msnm cada una. Pasando el segundo abra nos damos con la laguna Kayrawiri, con sus islotes flotantes de junco. Los yanavicos (ibis), las huallatas (ganso andino), los camélidos, los patos y las gallaretas se desplazan sin que nada los perturbe. En el tránsito entre estos pases de montaña nos enfrentamos a un paisaje creado durante trescientos millones de años, algo pocas veces imaginado siquiera: cerros de colores, ocre, guinda, marrón, verde, gris, hasta azul, extendidos en explanadas o en pendientes suaves, lo que da al terreno la apariencia de un gigantesco poncho tejido.

 

La comparación con el arte textil no es casual: hombres y mujeres de Chillka y Osefina son tejedores ancestrales, y eso es lo que descubrimos como un gran cierre al finalizar la caminata y las mujeres comuneras nos saludan con un despliegue deslumbrante de prendas elaboradas a telar, con fibras naturales, teñidas con tintes vegetales y diseñadas con una iconografía de origen remoto, que es casi un lenguaje. Al día siguiente, de regreso, cuando vuelven a aparecer los cultivos de papas que nos indican que estamos bajando, recordamos que Nicolás nos había revelado ante el Ausangate, al atardecer del segundo día, cómo cada vez que encara al apu vuelve a sentir una emoción religiosa. “¿Eres católico?”, le hemos preguntado. Nos respondió que sí pero que el Ausangate no se hace problemas con eso: “de repente los curas de la iglesia sí, pero el apu me quiere como soy.”

 

Como llegar:

Cusco via Lima por LanPerú

Datos para el viaje:

El nombre de la empresa es Camino al Apu Ausangate – Andean Lodges. El contacto es el empresario cusqueño Roger Valencia. Mayor información en:

www.ausangate.net

www.andeanlodges.com

www.auqui.com

 

lamaokRecomendaciones

Preparación Física: Para gozar del Camino del  Apu Ausangate es necesario prepararse físicamente antes del viaje. 

Caminar dos o tres veces por semana, hacer footing o bicicleta son las actividades mas recomendadas, o cualquier práctica deportiva que mejore el nivel de respuesta frente al ejercicio continuado, aeróbicos, etc..

Antes de partir se recomienda  una etapa previa de aclimatamiento de tres a cuatro días en altura de 3000 a 3500 mts, como son el Cusco y el Valle Sagrado. Durante la caminata es importante tomar abundante agua y mate de coca.

 

Créditos fotográficos: Rafo León.

 

 

 

 
 

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